Le dedico el libro a
toda mi familia y seres queridos,
especialmente a mi hermano José Manuel
Borrón y cuenta nueva
-¡Despierta Pedro! venga, vas a llegar tarde al colegio.
- No quiero ir, estoy cansado, el colegio no me sirve para nada.
-Tal vez si no hubieras vuelto tan tarde ayer por la noche ahora te encontrarías mejor.
-Cállate Julia, tú no eres mi madre, te enteras, mi madre está muerta; no intentes sustituirla por que no le llegarás ni a la suela del zapato.
-Oye, me da igual ser o no ser tu madre, pero quiero saber dónde te metes cada vez que sales ¿entendido? .Ya se lo diré a tu padre.
Todas las mañanas tengo que pasar por la misma historia, que me dejen en paz, ya tengo quince años y dentro de tres meses dieciséis… me pondré a trabajar, ¿para qué ir a estudiar? No pienso ir a clase, lo único que me consuela es encontrarme con mis "colegas", saltarnos las clases y pasármelo bien. Ahora me estarán esperando Roberto y José en el parque.
José es alto y delgado, tiene una musculatura notable y una cara simpática con unas pecas que la adornan. Roberto no es tan delgado como José pero no está gordo, es bajito y su cara suele estar cubierta de granos. Yo soy el que menos pesa de los tres, soy más alto que Roberto pero no tanto como José, tengo los ojos verdes, nariz aguileña… que no me gusta nada.
-Qué pasa Roberto –le saludé e hice lo mismo con José
Ellos respondieron mi saludo con el mismo gesto.
-¿Cuál es el plan de hoy? –preguntó José
-No sé -respondía yo, mientras me hacía un porro
-¡Eh aún te queda hierba después de lo de ayer! –exclamó Roberto
-Si, lo de ayer fue una pasada: discoteca, bebida, drogas, chicas… Esta noche repetimos, ¿no?
- No se, no me queda pasta.
- Pedro cuántas veces quieres que te lo explique, cógesela a tus viejos y cuando puedas devolvérsela se la devuelves y ya está.
-Tienes razón lo haré- dije, después de darle mi última calada al porro y pasárselo a José, fuimos a dar una vuelta.
Llegué a mi casa sobre la una y media del medio día, y ya estaba la pesada de Julia molestándome.
Desde que se casó mi padre con ella tras el accidente de coche mortal de mi madre, me hacen entre los dos la vida imposible, no me dejan en paz, ¡ojalá mi madre estuviera aquí para entenderme!, ella si que era buena.
A las cinco de la tarde volví a salir, me presentaron a dos chicos de unos dieciocho años amigos de Roberto que nos ayudarían a conseguir todo tipo de "cosas" para esta noche, eran gemelos, se llamaban Jorge y Toni, eran de estatura no muy alta, flacos y parecían de fiar, nos hicimos muy amigos a pesar de la diferencia de edad, aunque tampoco era tanta, de dieciséis a dieciocho solo van de diferencia dos años. Esta noche habíamos quedado a las once íbamos a ser por lo menos diez, Jorge y Toni nos llevarían a todos lados por Valencia con su coche.
Al volver a casa le dije a mi padre que esta noche iba a salir, me dejó, él era más comprensivo conmigo que Julia. Cené poco, no tenía ganas de comer nada, posteriormente mientras mi padre y mi madrastra hablaban, fui al bolso de Julia, le cogí sesenta euros y salí de casa.
En el parque ya estaban todos esperándome un poco impacientes, al final solo vamos siete: Toni, Jorge, Roberto, José, María, Ana y yo. María era muy atractiva, piernas de vértigo, ojos azules, morena, y encima tenía mi edad, yo estaba loco por ella siempre he ido detrás suya, pero nunca me he atrevido a dar el paso para pedirle salir; ella me tomaba como un amigo pero desgraciadamente nada más. Ana al contrario que María estaba un poco rellenita, era de pelo castaño, y en mi no despertaba ninguna impresión.
Habíamos empezado ya el viaje en coche por Valencia, primero entramos a una discoteca llena de gente, empecé a acercarme a María y bailamos juntos durante mucho tiempo, hasta que nos interrumpió Roberto diciéndonos que nos íbamos a ir ya, no tenía ganas de irme, estaba tan a gusto que me hubiera quedado con María toda la noche. Después de la discoteca, Toni y Jorge se fueron a comprar bebidas ya que eran los únicos mayores de edad, íbamos a hacer botellón en un callejón que la policía no solía frecuentar. En cuanto nuestros amigos recientes llegaron a donde estábamos, la fiesta comenzó, todos empezamos a beber y a fumar, a María se la veía muy lanzada, en poco tiempo se fumó un par de porros de marihuana, y no contenta con eso empezó a hacer todo tipo de mezclas nada recomendables, todos estábamos bebiendo, pero nadie como ella, tragaba las bebidas como si fuera agua, pronto se unieron a ella Jorge y Toni, los demás estábamos controlando más, hasta que a la hora después sucedió lo peor, María se desmayó, intentamos despertarla pero ella no daba señal de vida, le dije a Jorge que cogiéramos el coche para llevarla al hospital, Jorge aceptó a regañadientes llevarnos al hospital, pero no entraría a él, no quería implicarse en el asunto; mientras tanto Toni llevaría a los demás a sus casas.
Ya en el hospital la ingresaron, estaba en estado crítico; yo estaba desesperado, todo me daba vueltas y me desmayé.
Cuando desperté mi padre estaba allí con cara seria, lo único que pude oír antes de volverme a desmayar fue –me vas a matar de un disgusto-
Cuando volví a despertarme ya no estaba él, pero si Julia, que con cara de bruja y con tono poco amable me preguntó como estaba, yo la ignoré y pregunté la hora.
- Son las tres de la mañana –me respondió- pero no creo que saber la hora va a resolverte ningún problema.
De repente palidecí pensando en María, estaba realmente asustado, y con voz poco firme le pregunté a "la Bruja" por el estado de mi amiga.
Ella con unas pequeñas lágrimas en los ojos que, en mi opinión eran fingidas, me dijo que estaba mal, muy mal, en coma etílico, me vine abajo, no podía articular ninguna palabra, -no se como decirte esto- me susurró Julia – tus amigos han tenido un accidente de tráfico en el cual conducía un joven de dieciocho años, iba borracho, en serio, lo siento mucho…Ahí me derrumbé y tuve una crisis nerviosa, no podía haber pasado, debía de ser una pesadilla y quería despertar.
Cuando ya me recuperé un poco Julia me hizo unas preguntas: que si conocía al conductor del coche accidentado, quién nos trajo, qué habíamos tomado…
Yo respondí a todas y cada una de las preguntas que me iba formulando aunque no estaba muy seguro de todo lo que pasó. Pero volví a preguntar cómo estaban mis amigos, afortunadamente ninguno de los que iban en el coche acabó grave. Esa noche acabaría cambiando mi relación con todos mis amigos, estaba seguro de ello.
Pasaron los días, María salió del hospital, aunque continuó pasándolo muy mal, estuvo a punto de morir por su poco control frente al alcohol, y a mis amigos no les quedaban secuelas físicas del accidente, pero todos conservábamos en nuestras mentes lo que pasó esa noche. Estos días me ayudaron a reflexionar sobre el asunto.
La sorpresa llegó cuando un día volví a casa, mi padre y Julia con cara seria, me dijeron que querían hablar conmigo, me temí lo peor.
-Te vamos a meter en un internado. Me enfurecí, y les repliqué su decisión pero me respondieron que la decisión ya estaba tomada que mi actitud y mis acciones no habían sido correctas y que ingresaría dentro de unos días en el internado Gómez Rivera.
Yo no lo entendía esa noche no bebí mucho, pero lancé un grito diciendo:
-Vosotros lo que queréis es libraros de mi y comenzar una nueva vida sin mí, ¿o es que creéis que no sé lo que quiere conseguir la "petarda" de Julia? Seguro que ha sido idea suya ojalá mamá no estuviera muerta, ella no lo hubiera consentido.
Mi padre enfurecido, se levantó de la silla y me dijo que no me consentía que hablara así de mi nueva madre, yo le respondí que Julia no era ni sería mi madre nunca, me encerré en mi cuarto dando un portazo.
Pasaron los días y me ingresaron en el maldito internado, no les dije nada a mis amigos porque ni les podía mirar a la cara, sobre todo a María.
En mi primer día conocí a Rubén, un buen chaval, era bajito, moreno, pelo negro, orejas grandes, y unos ojos pequeños los cuales necesitaban gafas por su hipermetropía. Él me explicó todo lo que había y se hacía allí, era un internado grande, tenía aulas amplias, un gimnasio enorme que estaba al lado de los campos de fútbol y la cancha de baloncesto, ésta última me sorprendió; a mí me gustaba el baloncesto pero nunca había visto una cancha así, se parecían a las canchas de baloncesto de los equipos de la ACB, -al final me va a gustar estar aquí- pensé.
Como era domingo, y no había clases, Rubén y yo pasamos el día juntos, le pregunté si me podría apuntar al equipo de baloncesto, él me contestó que si quería, me podrían hacer las pruebas mañana mismo.
Hacía mucho tiempo que no jugaba pero quería meterme en el equipo como fuera, estuvimos toda la tarde jugando y entrenando a baloncesto, Rubén me caía muy bien, pero su juego de baloncesto era penoso, no tenía velocidad, ni buena técnica, pero le agradecí que se ofreciera a ayudarme en mi entrenamiento.
Al día siguiente, empezaron las clases, mi integración en la clase fue bastante mala (yo era un chico tímido a pesar de todo), en cuanto me sacan del ambiente con mis amigos, no se reaccionar delante de gente nueva, fue un alivio conocer a Rubén, él me presentó a muchos de sus amigos y me advirtió de las malas compañías, a primera vista parecía que la pandilla a la que mi nuevo amigo calificaba como" malas compañías", lo eran. Tendrían mi edad, todos eran altos y fuertes, se hacían llamar la banda de Javi, y estaba formada por cuatro chicos, ellos me miraban desafiantes, mientras yo les devolvía la mirada, hasta que Rubén interrumpió "el duelo" y me sugirió que pasara de ellos, yo le hice caso.
Las clases como siempre, me parecían eran aburridas aquí también , pero hubo un profesor que me llamó la atención se hacía llamar Cirilo, era un hombre de mediana estatura, con bigote y grandes gafas, pero a pesar de su peculiar aspecto, no fue eso lo que me llamó la atención, lo que realmente me la había llamado fue que su clase se me pasó volando, si, se lo que digo, la clase de física y química me resultó amena y divertida, Cirilo no era como los demás él mostraba un cierto interés por nosotros, hacía bromas, nos hacía participar en clase, era comprensivo, para mí fue la mejor clase de mi vida.
Esa misma noche ya tenía dormitorio asignado, y ya estaba totalmente instalado (la noche anterior tuve que dormir en una habitación distinta debido a que aún no me habían encontrado ninguna cama libre), compartía la habitación con un ecuatoriano llamado Rolfo y un sevillano que se llamaba Joaquín, los dos parecían buenas personas, estudiosos, responsables… unos chicos serios, respecto a sus físicos los dos parecían muy cuidados, Rolfo era muy moreno y fuerte aunque bastante bajito, Joaquín en cambio era alto, menos fuerte que Rolfo y un pelo castaño claro casi rubio.
Esa tarde recibí la visita de la banda de Javi, yo me encontraba en el comedor junto a Rolfo, él al verlos enseguida se fue, yo le dije que no tenía porque irse, pero el ecuatoriano hizo caso omiso de mi propuesta.
-¿Dónde se va el ecuatoriano inútil?-me preguntó Javi
Yo no le hice caso, el comentario me molestó pero no me convenía meterme en más líos. Javi no me replicó mi falta de atención hacia él, pero me hizo una pregunta:
-¿por qué vas con Rubén y sus amigos extranjeros?
Y defendió su pregunta con:
-Vente con nosotros, conocerás a mucha más gente enrollada que con ellos, somos más sociables que esa panda de marginados.
Yo no comprendía porque Javi decía eso de Rolfo y Rubén, y se lo pregunté, él me respondió con una sonrisa y dijo:
-Al ecuatoriano se lo decimos, porque para empezar no es de aquí, por lo tanto, tiene menos derechos que nosotros, segunda él no tiene por qué estudiar en el mismo centro que los españoles; y tercera si le molesta lo que digo o hago, que se vaya a su país. Respecto a lo de Rubén le insulto porque quiero y porque es maricón.
No daba crédito a lo que estaba oyendo, ni él ni nadie son superiores a otros, tampoco entendía como puede insultar a una persona que ha abandonado su país, imagino que por necesidad y no por gusto, allí tendría sus amigos, su vida, su gente… y lo que dijo sobre Rubén me sacó de mis casillas, como podía decir eso de una persona que ni siquiera la conocía. Pero no podía hacer nada, no me podía meter en problemas y que me expulsaran, no quería defraudar más a mi padre.
Yo rechacé su propuesta y me fui.
El martes me buscó muy rápido Rubén, entró en mi cuarto compartido y me dijo casi sin poder respirar de la carrera que se había dado y la emoción, que había conseguido que a las 7:00 de la tarde me hicieran las pruebas para poder ingresar en el equipo de baloncesto. Yo estaba eufórico, no podía decir nada excepto- gracias Rubén-. Aproveché su estancia para comentarle la conversación con Javi, le pregunté que porqué nunca habían hecho nada para remediarlo, le pregunté también que porqué le llamaban maricón. Hubo un silencio incómodo hasta que puse atención a la cara de preocupación de mi amigo, y le pregunté:
-¿Eres homosexual?
Él tardó en responder, me miró para ver mi reacción, y asintió con la cabeza, yo no sabía como reaccionar, no me molestaba que fuera homosexual sino que simplemente no sabía que decirle, para que no resultara violento, lo único que le pude decir fue que no me molestaba ni importaba su sexualidad, que nuestra relación iba a continuar igual, a Rubén le cambió un poco la expresión de la cara al ver que se había quitado un peso de encima. Víctor, el mejor amigo de Javier, que antes lo era suyo, le traicionó. Rubén no podía hacer nada porque era un buen estudiante y no quería echar a perder todo por lo que había trabajado. No podía creer como podía haber gente tan cobarde y le pregunté si nunca les había dicho nada a los profesores, pero él me dijo que si pero a la semana siguiente volvían a empezar, pero ahora iban con cuidado para no hacerlo delante de ningún profesor.
En ese momento entró en la habitación Rolfo, y le hice la misma pregunta de cuales eran sus razones por las que no se defendía
-¿Puedo confiar en ti Pedro? -yo afirmé y continuó- estoy residiendo ilegalmente en España, tengo pasaporte y DNI falsos, el colegio lo sabe, pero acepta no decir nada si no me metía en líos y si me detenía la policía y descubrían que era un inmigrante ilegal el colegio se lavaría las manos, por eso no me interesa responder a sus insultos.
En seguida comprendí sus preocupaciones y cada vez odiaba más a Javi y su banda.
Ya eran las siete, yo ya estaba esperando en la cancha desde hacía un cuarto de hora, cuando vi aparecer al supuesto entrenador que me iba a hacer la prueba, de repente mi corazón empezó a latir con mucha fuerza estaba muerto de miedo, nunca me había sentido así, el hombre me mandó que hiciera unas entradas a canasta de distintas maneras, que botara con una mano después con la otra, que botara sin mirar… las pruebas en mi opinión no me salieron mal pero sabía que no estaba en mi cien por cien, aún así me dijo que entraría en el segundo equipo del internado y que si evolucionaba podría pasarme al primero, posteriormente me dio los horarios, y se fue.
Las cosas no me podían ir mejor, no destacaba en los estudios, pero tampoco suspendía, pero en una asignatura si que destaqué sacando la segunda nota más alta de la clase, un nueve la asignatura era la de Cirilo, conforme iba explicando en clase se me grababa en la cabeza y no se me olvidaba, en las otras asignaturas sacaba suficientes, incluso notables, pero mostraba interés por aprobar estos días me estaban cambiando por completo, pero sentía que necesitaba algo, lo que echaba de menos eran las reuniones por la noche con mis amigos donde se mezclaban las drogas y el alcohol , pero conforme pasaban los días con el baloncesto y sus partidos y mis nuevos amigos se me iba pasando esa ansiedad.
El trimestre se me pasó volando, mi padre y Julia vinieron para una tutoría donde nos entregaban las notas, yo estaba nervioso, en algunas asignaturas la media no me llegaba a cinco, pero cual fue mi sorpresa al abrir el sobre y que mi tutora Marta me estrechara la mano diciéndome enhorabuena, había sacado en cuatro asignaturas suficiente, en otras cinco notable, y dos sobresalientes, Marta nos estuvo explicando que en dos asignaturas que no me hacían de media para aprobar, me la habían subido por comportamiento y por interés hacia la materia. Mi padre que no salía de su incredibilidad, lo único que pudo hacer fue levantarse de la silla, darme un fuerte abrazo y decirme al oído:
-Por fin me estas haciendo que me sienta orgulloso de ti, ahora ya puedo presumir de un hijo excelente y sobre todo de una buena persona.
Julia pretendía darme la mano, yo se la negué, y le di también a ella un fuerte abrazo, y le propuse que olvidáramos todos nuestros rencores y empezáramos de cero, ella lloró de la emoción mientras aceptaba mi idea, y mientras la consolaba diciéndole que no era para tanto, les di una buena impresión, me preguntaron por el baloncesto, y no les mentí, íbamos muy bien en la liga, estábamos en segunda posición, pero más que los resultados lo que me alegraba era que me lo pasaba de maravilla en los partidos, en los entrenamientos… mis padre se tuvieron que ir, tras pasar toda la tarde conmigo, yo no debía relajarme aunque las vacaciones estaban cerca, los exámenes de la segunda evaluación ya estaban ahí , me sorprendía a mi mismo hace tres meses, solo pensaba en ponerme a trabajar y ahora realmente veía los estudios como una cosa importante.
Hoy domingo 21 de septiembre de 2004 es mi cumpleaños, lo voy a pasar con mi familia, sí hoy veré a mis antiguos amigos, a María que no la veía y desde aquel fatídico día del hospital, aunque estuve preguntando en todo momento por ella, estaba eufórico, comí con mi familia, y me empezaron a dar los regalos, la mayoría de ellos era dinero, y material escolar, hasta que llegó el regalo de mis padres, me dijeron que no era un regalo que me pudieran entregar, hasta que me desvelaron que era, me iban a pagar la autoescuela, y si todo iba bien en el segundo trimestre, me comprarían la moto, lo que yo más deseaba, les di miles de gracias, y después me bajé al parque a ver a mis amigos. Nada más bajar los vi y me ofrecieron un porro, yo lo rechacé, y me hicieron un gesto de burla, y me preguntaron que me había pasado, yo les dije que nada, mientras se acercaba María, me dijo que hacía mucho que no nos veíamos, desde la superfiesta con Toni y Jorge, pensé que no podía estar hablando de ese día y le repliqué que si no se daba cuenta de que casi se muere, ella me contestó diciendo que casi, pero al final no murió, parecía que se sentía orgullosa, y le dio una calada al porro que sostenía Roberto, en un acto reflejo se lo quité de la boca y lo chafé, y les dije que no debían fumar eso, ellos me preguntaron con mala intención que si me habían lavado el cerebro en aquel internado o si me había vuelto una nenaza, automáticamente me fui mientras oía algunos insultos que me seguían lanzando.
Después de pasar por casa volví al internado decepcionado por la reacción de mis amigos, pero no me importó en absoluto, tenía nuevos amigos, y por María tampoco me preocuparía, hay muchas chicas en el internado y mucho más guapas que ella.
Pasaron un par de días, a mi me seguían saliendo todas las cosas bien, mi amistad con mis nuevos amigos y compañeros cada día crecía más y se hacía más fuerte, yo lo notaba, cosa que con mis anteriores amistades no lo hacía. Respecto al baloncesto seguía pasándomelo bien, y el buen ambiente acompañaba a los resultados, me ofrecieron jugar con el primer equipo, pero les dije que quizás al año que viene (este año me encontraba muy a gusto en el segundo equipo).
Las clases ya no me parecían tan aburridas sería porque ahora sí que atendía en clase mi vida era una maravilla.
Puesto que el martes había una excursión y por lo tanto no había ni deberes ni exámenes, celebré con mis amigos del internado mi cumpleaños, nos lo pasamos bien en el comedor sin necesidad de tomar alcohol ni drogas, esta era una verdadera fiesta, nos lo dejaron para nuestro disfrute, Rubén salió al jardín a dar una pequeña vuelta con la mala fortuna de se encontró con Javi y su banda de cobardes, intentó pasar desapercibido pero Javi le vio, y empezó a insultarle y a seguirle, hasta que de las palabras se pasó al contacto, Rolfo que lo vio, se acercó a ayudar a Rubén sin provocar a nadie, intentó volver hacia donde estaba la fiesta pero, Víctor "el traidor" le dio una patada que le hizo caerse, yo a través de la ventana del comedor vi esta última patada y me acerqué corriendo, no sé como lo hice, quizá por la rabia pero cogí a Javi del cuello y me puse en posición de darle un puñetazo en la cara, lo iba a hacer, pero Rubén me dijo que no lo hiciera porque me expulsarían, le solté, cuando ya nos volvíamos, Javi cogió una piedra y me la tiró a la cabeza quedándome en el suelo, consciente, pero el dolor del golpe me inmovilizaba, Rolfo se fue hacia él y le pegó, junto a Rubén, cuando quisieron darse cuenta, ya estaban metidos en una pelea, por suerte la gente de la fiesta, vino al encuentro, pero por el revuelo, algún profesor se dio cuenta y siguieron a la muchedumbre, ellos intentaron frenar la pelea, paro al ver que se les estaba yendo un poco de las manos llamaron a la policía, cuando vino la policía ya se había parado todo, aún así tenían que tomar declaraciones de lo que había pasado, yo y Rubén Salimos impunes, se demostró por los testimonios que Javi y los suyos empezaron la pelea y que nosotros nos limitamos a defendernos, los culpables fueron expulsados inmediatamente del internado Gómez Rivera, pero no todo salió bien, al consultar los datos de Rolfo se dieron cuenta de que eran falsos, esto supondría su deportación a Colombia, y puede que la cárcel, días antes, Rolfo me contaba como eran las cárceles en Colombia, llena de delincuentes peligrosos, y también me habló de sus calles, donde tenías que ir con cuidado, porque si alguien se molestaba con tu presencia no se lo pensaba dos veces y podía herirte, en fin en un país donde no le esperaba un gran futuro y que puede que se tuviera que meter en negocios ilegales para poder comer. Yo no sabía como reaccionar, me sentía impotente ante la idea de evitar que lo deportasen, no sabía que podía hacer, Rubén se sentía igual, a estas horas, Rolfo ya debería estar camino del aeropuerto, así que le pedimos a Cirilo que nos llevara allí, yo ya estaba recuperado del golpe de la piedra, estuvimos en el aeropuerto en aproximadamente media hora, había mucha gente entrando y saliendo, hasta que vimos a unos policías, que eran los que supuestamente lo acompañaron hasta coger el avión, nos explicaron que el avión de Rolfo había despegado hace unos diez minutos, y que cuando llegara a Colombia, le estarían esperando otros policías colombianos, lo llevarían a juzgados, y le aplicarían su ley. Yo estaba en total desacuerdo pero no podía hacer nada, simplemente al igual que Rubén llorar su partida, Rolfo era un chico responsable, serio, buen estudiante y buena persona, en cierto modo me sentía culpable, si no hubiera ido no me hubieran tirado la piedra a la cabeza y la furia de Rolfo no se habría desatado, aunque también es posible que si no hubiera aparecido yo, esa piedra podría haber golpeado a Rolfo o a Rubén, pero eso no me consolaba en lo único que pensaba ahora era en los buenos momentos que pasamos juntos, esas noches en vela hablando de nuestras cosas, sus historias de Colombia que le obligaron a venir a España, su mala aceptación por algunos españoles, pero también conoció a buena gente como Rubén y Joaquín, con quienes pasó buenos momentos, siempre le insistí que se apuntara al equipo de baloncesto conmigo, pero él siempre rechazaba la oferta diciendo que tenía que estudiar, para que en un futuro le trataran como a un español más y así poder darles una vida mejor a su esposa y a sus hijos, yo me sentía avergonzado por mi antigua actitud pasiva ante los estudios, sin pensar que estaba ocupando una plaza y malgastándola, mientras había miles de jovenes como Rolfo que deseaban obtener esa plaza en cualquier escuela o instituto.
Al salir al aparcamiento, todos estábamos cabizbajos, por la falta de nuestro amigo, pensábamos que nunca lo volveríamos a ver, pero cual fue nuestra sorpresa, cuando vimos que al lado del coche se encontraba Rolfo, yo pensaba que eran alucinaciones producidas por las secuelas del impacto de la piedra sobre ni cabeza, pero descubrí que era real cuando lo pude tocar y abrazar lo primero que hicimos todos fue preguntarle como había conseguido escapar, él nos respondió:
-Aproveché un descuido de los agentes producido por la multitud de gente que había, y ellos me vieron que estaba entregando mi billete para acceder al avión, pero cuando por ese revuelo se descuidaron di media vuelta y sin armar mucho escándalo me infiltré entre la gente, y salí al exterior, mientras los agentes creían que ya estaba en vuelo, cual fue mi sorpresa cuando vi el coche inconfundible de Cirilo, sabía como era, que matrícula llevaba, incluso los adornos de dentro, y supuse que habíais venido a despediros de mi. Por suerte sigo aquí aunque no se donde me cobijaré.
Cirilo antes de que Rolfo pudiera acabar su última frase le dijo inmediatamente:
-Tú te vienes ahora a mi casa y te quedarás allí, todo el tiempo que quieras, yo mismo te daré clases, no soy un experto en todas las materias pero me defiendo bastante bien, a veces soy un poco cascarrabias pero creo que nos soportaremos.
Aún estaba pasmado, yo no salía de mi asombro, porque no se que me asombraba más, el coraje e inteligencia de Rolfo pudiendo burlar a dos agentes de la ley, o el gran corazón de Cirilo, que aún sabiendo que se podía meter en un lío, de incluso ir a la cárcel, aceptando a mi amigo.
Ahora sí, todo iba sobre ruedas, pasaron los meses, y me compraron la moto debido a que mis notas de la segunda evaluación eran muy buenas, había aumentado el número de notables y sobresalientes, en el baloncesto no ganamos la liga, quedamos subcampeones pero yo me fui con un sabor de boca insuperable, y a parte me dieron el premio del instituto de mayor anotador del equipo, pero más que el premio me alegró todas las personas que habían estado apoyándome.
Unas semanas más tarde, había conocido a una chica que me gustaba, era guapísima, y unos días después salimos juntos, gracias a que Rubén no se podía callar, nada más se lo dije salió disparado a decírselo a ella con la suerte de que ella también se había fijado en mi.
Ya no había nadie en todo el internado Gómez Rivera que me molestara, ni que insultara a Rubén. A Rolfo lo veía cada viernes, gracias a que Cirilo lo traía aposta para que nos viera, decía que todo le iba bien con el profesor.
Estaba seguro que a todos y cada uno de nosotros nos iría bien en el futuro y conservaríamos la amistad que nos unía.